domingo, 20 de septiembre de 2015


HISTORIAS DE SIEMPRE
Castillos, doncellas y esclavas...dedos mojados 
El sexo entre mujeres no es cuestión de la modernidad, desde tiempos remotos ese atractivo "oculto" entre ellas y las fantasías que buscan atajos, también tenían maneras de escapar de la, a veces, tediosa rutina de un castillo.
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Hentai con sonido real
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 Extrañamente las mujeres japonesas no son precisamente las de senos grandes y traseros al estilo de Jennifer López, por eso precisamente en sus típicos dibujos animados toman venganza de la realidad y sus mujeres explotan de cuerpos inimaginables. Y para que esas "vocecitas de comiquitas" no estorben nuestra imaginación, hemos colocado voces reales, gemidos de verdad, verdad.
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Para algunas personas el sexo les marca el ritmo de sus vidas, para otras, la música...y en muchos casos, mezclar sexo y música es lo idealñ. He aquí un ejemplo.
 Y ahora lujuria musical
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Sexo en primer plano...ufffff
"Jugueticos traviesos"
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Ahora sus fluídos en la boca de él, su carne blanda y caliente, sus labios hinchados de sangre, el sudor de su vulva enloquecida... el pene que se empuja por el oroficio hirviendo, el himen que retrocede, se hace eslástico...se resiste, se rompe y aparece el grito. Un grito que se aferra a las paredes, al igual que sus manos se trenzan en la espalda de él. Sangre, sangre roja de ella manchando el,  todavía,  pene descubridor. Olor a semen, olor a sexo vencido.
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El erotismo sale por los poros
La niña se hace hembra
Se siente deseada, desea también, se reprime, se suelta, se muestra coqueta, sueña mijada, se toca, se entierra el dedo, se abre de par en par en plena soledad, se hunde en su lujuria y se siente mujer. En la calle, mantiene altiva el pudor, "no se vende" a cualquiera, piensa en el amor verdadero, se enamora, se deshace y vuelve a la conquista.
Se divierten, se buscan, se encuentran 
Entre ellas aparecen las confidencias, comparten amores y desamores, hablan de futuros cercanos, de sueños, de anhelos. Se esconden en libros, en tareas universitarias, visten a la moda, se intercambian la ropa, se acuestan como amigas y se tocan como amantes. Se acarician sin dudar de su sexualidad, experimentan orgasmos. Se ríen del mundo.


Se muestra, se descubre a sí misma
Muestra sus encantos, se gusta ella misma, se hace ángel social y diabla en la cama, fiel en el amor puro e infiel cuando le da la gana. Se masturba una y otra vez, se resiste al sexo anal...pero igual se entrega. Usa sus dedos de madrugada o cuando puede hacerlo, se da nalgadas nocturnas, sueña...y gime. Piensa en consoladores, los piensa, los piensa...lo compra, lo usa. Tiene sexo en hoteles de paso, hoteles familiares, hoteles de lujo. Lo hace en la oficina con el chico de turno, en el automóvil, en la parte de atrás, adelante como copiloto el sexo oral sin freno. Lo hace en la playa, en el bosque, donde se pueda.
Son deseadas y lo saben...




NEYLA...Y EL DESEO DE PERDER LA INOCENCIA


El relato que a continuación comparto con mis lectores, es la historia de Neyla, una ex niña, una recién mujer de apenas 18 años cumplidos. Toda cuerpo, hecha ya para ser deseada, provocativa por su andar, por ser coqueta, insinuante aún sin experiencia. Dispuesta a enfrentar sus primeros retos sexuales. Ella, morena, de piel canela más bien, de senos grandes, tiernos a simple vista, senos que se movían al titmo de su caminar, cintura estrecha, de esas cinturas que quedan escondidas cuando un hombre se posa sobre el cuerpo de la mujer que las tenga así, caderas salientes, como para formar el molde de una guitarra. Y qué decir de su entrepierna...por encima de aquel blue jeans ajustado se notaba un manjar para dioses, todo estaba al descubierto aún por encima de la tela. Era intencional aquella evidente provocación. Ella sabía que las miradas de hombres irían a ese lugar primero, después escanerían el resto de su cuerpo. Sin embargo su mirada era otro mundo, sus mirada transmitía al mismo tiempo dos cosas a la vez: "no sé nada de sexo, pero deseo que me hagas daño". Es curioso esa dualidad, contradictoria quizás, pero cierta. Eso decía su mirada.Aquel día, mejor dicho, para ser más preciso, aquella noche, frecuenté su casa, realmente fui a visitar a su hermano, compañero de estudios, vivian allí puros hermanos, estudiantes todos, han venido desde la provincia a estudiar en la capital del país. Yo era mayor que ella 10 años y nuestras miradas se habían cruzado ya con cierta picardía, esas miradas que se dicen todo, de manera que nos gustábamos, había atracción mutua. Faltaba tan sólo la oportunidad de estar cerca, muy cerca.
No hacía falta ningún motivo especial para tomarse unos tragos ese viernes nocturno, jóvenes todos, lo único que se necesitaba era ganas de tomar y charlar en buen ambiente. Neyla desde lejos me miraba insinuante. Lo mismo hacía yo. Mientras las horas transcurrían, las cervezas iban y venían, acelerando las fantasías entre aquella criatura hecha mujer y yo. Entonces decidí tomar con más pausa y esperar, quizás, que sus hermanos se fueran rindiendo a la madrugada y al cansancio. No era un plan, era un deseo, quería que ellos se fueran a dormir y quedarme con Neyla a solas. Ella, sospecho deseaba lo mismo. Y tal fue lo deseado, que uno a uno los hermanos y su hermana mayor, se fueron a dormir y me ofrecieron que me quedara en su casa y que podía dormir en el sofá. Sucedió que esa niña, esa mujer, se sentó a mi lado e iniciamos una conversación, que, en principo era cotidiana, luego el tema pasó a un plano íntimo, después a un tema sexual y...en ese tema, por unos instantes nos detuvimos a miranos, ella acercó su cara, arrimó su boca a mis labios y estampó un beso tierno. Ese beso se convirtió en un intercambio apasionado de lenguas inquietas, justo beso para que la erección de mi miembro intentara dar salida a través del pantalón. Entonces, ella sabiendo lo que ya me pasaba, colocó su mano sobre mi pierna, buscaba acercarla al bulto que se me había formado entre las piernas. Le ayudé y le puse su mano sobre mi erección, noté que lo palpaba, noté que era la primera vez que sentía un pene palpitando. Su mirada se quedó quieta sobre mi entrepierna, sin hablar me estaba pidiendo que quería verlo. Decidí sacar de su prisión a mi pene para que Neyla lo viera. Su cara dibujó una curiosa sonrisa, y se inició a acariarlo con cierta pena. Fue luego mi mirada la que le insinuó que me mostrara sus tetas, lo entendió tan directo que se levantó su camisa y dejó ver su sostén y aquella exquisita forma que asumía su blanda piel. Luego, se bajó un poco el sostén y sus pezones erectos saltaron deseosos de ser probados por primera vez por la boca de un hombre. Eso hice. Neyla  estaba entregada a la pura curiosidad, pero el instinto funciona. Con más rapidez comenzó a entender que si su mano apretaba más mi pene y que si subía y bajaba su mano con rapidez, provocaba más excitación en mí...me estaba masturbando. Fue tal su frenesí que expulsé todo el semen que tenía, un volcán de placer cuyo contenido nos bañó a ambos, hasta su hermoso rostro fue salpicado de mi lujuria. Ella, Neyla, abrió su boca en señal de sorpresa, era la primera vez que veía todo aquello, se miró su mano empapada y soltó una nerviosa carcajada. Le pedí con cierto nerviosismo que hiciera silencio, pues podía despertar a quienes dormían.

Ella se levantó del sofá, se bajó su camisa para cubrir sus senos y me pidió con señas que guardará mi pene. Se fue a su cuarto sintiéndose más mujer. Al cabo de unos minutos se asomó a la puerta de su habitación y me hizo una seña para que acercara. Me detuvo en la puerta, no me permitió entrar, sólo quería mostrame algo. Se dirigió hasta el fondo de su cuarto y se puso de espaldas a mí, se bajó el pantalón y me mostró el esplendor de aquel trasero no tocado aún por ningún hombre, una diminuta y sexy prenda íntima cubría lo necesario, lo demás era piel...sexo.

Se inclinó para ofrecerse más, para excitarme más...para excitarse más. Se lo fue quitando poco a poco, con malicia inexperta, pero malicia al fin. La pequeña tela se desprendió de la humedad que la sostenía...
Y de pronto, su blummer se fue al piso en caída libre apenas pasó por sus rodillas. Se giró toda ella y su vulva depilada quedó al descubierto. Se acostó en su cama casi dispuesta, pero con su mano me dijo que no. Me hizo entender que me quedara en la puerta, que no fuera a su cama.

Ella sólo se quería mostrar desnuda, se quería mostrar mujer, quería que la viera y que la deseara más. pero, al mismo tiempo, se estaba dando el tiempo necesario para ir más lejos. Neyla había dado lo suficiente, una parte de su curiosidad había quedado satisfecha, el instinto había aflorado. Desde ese momento lo demás vendría en camino.Neyla, se cubrió con una mano su entrepierna palpitante y nerviosa, nerviosa y hambrienta. Me miró como diciendo "soy mujer", "soy hembra"..."y me has visto desnuda". Me dijo con esa mirada que quería dejar de ser niña para siempre, que otro día, tal vez otra noche se atrevería a más. Y así fue. Tanto así fue, que aún la recuerdo.


Twitter: @depurapiel